EJEMPLO DE COMENTARIO DE TEXTOS DE LA CELESTINA
COMENTARIO DE TEXTO : LA
CELESTINA de Fernando de Rojas
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CALISTO: ¡Sempronio, Sempronio, Sempronio! ¿Dónde
está este maldito?
SEMPRONIO: Aquí estoy, señor, curando[1]
destos caballos.
CALISTO: Pues, ¿cómo sales de la sala?
CALISTO: ¡Assí los diablos te ganen! ¡Assí por
infortunio arrebatado perezcas, o perpetuo intolerable tormento consigas, el
cual en grado incomparablemente a la penosa y desastrada muerte, que espero,
traspassa!. ¡Anda, anda, malvado, abre la cámara y endereça la cama!
SEMPRONIO: Señor, lue hecho es.
CALISTO: Cierra la ventana y dexa la tiniebla
acompañar al triste y al desdichado la ceguedad. Mis pensamientos tristes no
son dignos de luz. ¡Oh bienaventurada muerte aquella que, deseada, a los
afligidos viene! ¡Oh si viniésedes agora, Erasístrato[4],
médico, sentirías mi mal! ¡Oh piedad de Seleuco[5],
inspira en el plebérico corazón[6],
por que sin esperança de salud no envíe el espíritu perdido con el desastrado
Píramo y de la desdichada Tisbe[7]!
SEMPRONIO: ¿Qué cosa es?
CALISTO: ¡Vete de ahí! No me hables: si no, quiçá
ante del tiempo de mi rabiosa muerte, mis manos causarán tu arrebatado fin.
SEMPRONIO: Iré, pues solo quieres padecer tu mal.
CALISTO: ¡Ve con el diablo!
[…]
CALISTO: ¡Sempronio!
SEMPRONIO: ¿Señor?
CALISTO: Dame acá el laúd.
SEMPRONIO: Señor, vesle aquí.
CALISTO: ¿Cuál dolor puede ser tal
que se iguale con mi mal?
SEMPRONIO: Destemplado está esse laúd.
CALISTO: ¿Cómo templará el destemplado? ¿Cómo
sentirá el armonía aquel que consigo
está tan discorde; aquel en quien la voluntad a la razón no obedece; quien
tiene dentro del pecho aguijones, paz, guerra, tregua, amor, enemistad,
injurias, pecados, sospechas, todo a una causa? Pero tañe, y canta la más
triste canción que sepas.
SEMPRONIO:
Mira Nero de Tarpeia
a Roma cómo se ardía:
gritos dan niños y
viejos
y él de nada se dolía.[8]
CALISTO: Mayor es mi fuego, y menor la piedad de
quien yo agora digo.
SEMPRONIO: (Aparte) ¡No me engaño yo, que loco está
este mi amo!
CALISTO: ¿Qué estás murmurando, Sempronio?
SEMPRONIO: No digo nada.
CALISTO: Di lo que dices, no temas.
SEMPRONIO: Digo que ¿cómo puede ser mayor el fuego
que atormenta un vivo, que el que quemó tal ciudad y tanta multitud de gente?
CALISTO: ¿Cómo? Yo te lo diré. Mayor es la llama que
dura ochenta años que la que en un día pasa, y mayor la que mata un ánima que
la que quemó cien mil cuerpos. Como de la apariencia a la experiencia, como
de lo vivo a lo pintado, como de la sombra a lo real, tanta diferencia hay
del fuego, que dices, al que me quema. Por cierto, si el del purgatorio es
tal, más querría que mi espíritu fuese con los de los brutos animales, que
por miedo de aquél ir a la gloria de los santos.
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1. CONTENIDO:
a)
Ideas del texto.
b)
Idea principal
(tema).
c)
Estructura (del contenido).
2. ANÁLISIS de las
características del discurso:
a)
Métrica.
b)
Narrador,
personajes...
c)
Diálogos...
a)
Recursos de la
lengua literaria.
b)
Relación de la
lengua con el contenido.
3. CONCLUSIÓN.
1. CONTENIDO
El
texto que comentamos pertenece al acto I de La Celestina. Calisto,
tras ser rechazado por Melibea, regresa a su casa, donde, profundamente
afligido, comenta con su criado Sempronio su mal de amores en un tono
grandilocuente y lastimero.
El
tema del texto es la locura del
amor, que se muestra a través de Calisto, preso de una pasión amorosa
incontrolable y ciega, quien exterioriza su desequilibrio anímico con su
comportamiento violento y su vehemencia verbal.
El
arrebatamiento emocional del joven se refleja en la actitud que adopta con su
criado y determina la estructura del
texto:
a)
Primero (líneas 1-19), Calisto se muestra irritable y áspero; desahoga su
malhumor profiriendo maldiciones. En esta escena, Calisto maldice a su criado y
desea su propia muerte (líneas 5-13). La actitud de Calisto, refugiándose en la
oscuridad y metiéndose en la cama es un síntoma claro de su melancolía y
enfermedad del amor El deseo de la muerte era una aspiración tópica del amante
cortés, tras haberle negado la dama el galardón y servicio que pedía; el de
Calisto, unido a la maldición hacia Sempronio, es una ironía dramática, ya que
es una premonición de la suerte que va a
correr él mismo y su criado al final de la obra: “la penosa y desastrada muerte
que espero”. La alusión a la fábula de Píramo y Tisbe sirve para ilustrar la
actitud suicida de Calisto y, además, apunta, en otra clara ironía dramática,
el desenlace de la obra.
b)
Segundo (líneas 20-44), Calisto se muestra quejumbroso e hiperbólico en la
expresión de su dolor de enamorado no correspondido. Calisto pide el laúd a su
criado y la música sale desafinada. El laúd está desafinado porque el desamor
ha producido falta de armonía en su vida, de ahí su comportamiento y sus
palabras. La cuarteta que canta Sempronio describe la escena en que Nerón
contempla, impasible, el incendio de Roma. El tema es aprovechado por Calisto
para tratar cómica e hiperbólicamente el tema del fuego de amor. A partir de
ahí, se desarrolla la idea del fuego del amor comparándolo con el fuego real y
el fuego del infierno. Calisto afirma que si el fuego del purgatorio es tal
como el que le consume, preferiría ser un animal y no ir al cielo, antes que,
pasando por el purgatorio, llegar al paraíso. Calisto está ponderando
hiperbólicamente su sufrimiento amoroso, al renunciar a la salvación eterna.
Las blasfemias de Calisto se explican por el estado irracional en que el
desamor lo ha sumido y constituyen una parodia y censura por parte del autor
hacia la conducta de Calisto, que está siendo caracterizado como un mal amante.
2. ANÁLISIS DE LAS CARACTERÍSTICAS DEL
DISCURSO
Observamos, en primer lugar, la disposición
del texto que sugiere la forma dramática. Cada intervención de los personajes
viene precedida por su nombre seguido de la reproducción en estilo directo de
las palabras del personaje. Esta disposición supone la ausencia de un narrador
que dirija la interpretación del texto que queda a cargo de la voz de los
propios personajes, lo que va a explicar los monólogos y los apartes. La
Celestina, como sabemos, es una obra de género incierto. Se ha dicho de
ella que es una obra de teatro para ser leído, siguiendo el modelo de las
comedias humanistas de la época, mientras que otros aluden a su carácter
irrepresentable para considerarla una novela dialogada.
En
lo que se refiere al análisis del discurso cabe decir que el caos emocional de
Calisto, su inestabilidad afectiva, provocada por la avasalladora pasión que
siente por Melibea, se manifiesta en un lenguaje altisonante, ampuloso y
retórico, cargado de artificios, que es una parodia del estilo cortesano del
amor cortés.
Podemos
observar, por ejemplo, cultismos
sintácticos como la aparición del verbo al final de la frase, como en
latín: “Así, por infortunio arrebatado perezcas o perpetuo intolerable
tormento consigas, el cual en grado
incomparablemente a la penosa y desastrada muerte, que espero, traspasa.”
La
cuidada sintaxis se manifiesta también en la aparición de abundantes paralelismos, que consiste en la repetición de
estructuras sintácticas: “así por
infortunio arrebatado perezcas o perpetuo intolerable tormento consigas”; “abre
la cámara y endereza la cama”; “deja la tiniebla acompañar al triste y al
desdichado la ceguedad”; “¿cómo templará el destemplado? ¿Cómo sentirá el
armonía aquel que consigo está tan discorde?; “Como de la apariencia a la
existencia, como de lo vivo a lo pintado, como de la sombra a lo real…”
El
texto muestra también ejemplos de encadenamiento
sintáctico o concatenación. Se trata de un recurso por el que una frase
comienza con una palabra de la oración anterior (no tiene que se necesariamente
la última: “¿Cómo sentirá el armonía aquel que consigo está tan discorde, aquel en quien la voluntad a la razón no obedece; quien tiene dentro del pecho aguijones, paz, guerra…”
Aparecen
parejas de elementos sinónimos
(geminación) cuya presencia obedece, generalmente, a necesidades rítmicas: “… penosa
y desastrada muerte”; “deja la tiniebla acompañar al triste y al desdichado la ceguedad”.
No
son infrecuentes tampoco los casos de derivación,
es decir, emplear, dentro de una misma secuencia, palabras con la misma raíz o
lexema: “¿cómo templará el destemplado?
En
sus intervenciones, Calisto muestra su pasión arrebatada resaltando el
contenido significativo de los sustantivos con cualidades semánticas de gran
intensidad por medio de numerosos adjetivos
epítetos: “desventurada muerte”, “plebérico
corazón”, “desastrado Píramo”; “desdichada Tisbe”; “rabiosa muerte”; “arrebatado fin”. A veces, acumula epítetos: “perpetuo
intolerable tormento”, “penosa y desastrada muerte”.
Para
exponer su sufrimiento amoroso, Calisto se sirve de tres comparaciones o símiles. Manda a su criado que le cante, al son del
laúd, la más triste canción que conozca y que sintonice con su afligido estado
de ánimo; Sempronio entona un conocido romance que alude al incendio de Roma
aludido por Nerón. Calisto no se siente satisfecho, pues el fuego descrito por
su criado no tiene comparación con el que le abrasa, para expresar esa
discordancia utiliza los símiles en la que compara la distancia entre el fuego
del incendio de Roma y el fuego de su amor con la distancia que hay entre la
apariencia y la existencia (primera comparación); la distancia que hay entre lo
vivo y lo pintado (segunda comparación) y la distancia que hay entre la sombra
y lo real (tercera comparación.
La
pasión amorosa de Calisto es descrita por medio de numerosas hipérboles que dan cuenta de la
irracionalidad que invade el corazón del
enamorado y es el motivo de la censura
del autor. No hay dolor que pueda compararse con el que siente Calisto en ese
momento al verse rechazado por su amada: “¿Cuál
dolor puede ser tal que se iguale con mi mal?”. La pesadumbre que le
atenaza es mayor que el más grande de los sufrimientos físicos: la muerte de
miles de personas en el incendio de Roma. Su sufrimiento es mayor que el que
padecen las almas del purgatorio, porque si no fuese así, él preferiría
renunciar a la gloria de los santos con tal de no volver a sufrir esa
dolorosísima sensación.
Y,
por último, la falta de armonía que produce el desamor se muestra en numerosas antítesis. Las notas que emanan del
laúd son incapaces de aplacar su espíritu exaltado, de sosegar su ánimo
descompuesto, y una tromba de expresiones antitéticas aceleran el ya frenético
discurso: “¿Cómo templará el destemplado?”.
Aquí Rojas contrapone dos conceptos, el temple (serenidad, moderación, mesura)
y destemplado (falta de mesura, descontrol). La idea de la falta de
armonía y el enfrentamiento entre razón
y pasión o voluntad se repite en esta otra antítesis: “¿Cómo sentirá el armonía
aquel que consigo está tan discorde;
aquel en quien la voluntad a la razón no obedece?” O la serie
desbocada de antítesis con que Calisto define su estado: “quien tiene dentro del pecho
aguijones, paz, guerra, tregua, amor, enemistad, injurias, pecados, sospechas…”
3. CONCLUSIÓN
En
este pasaje, el autor se sirve del idioma para caracterizar a uno de sus
protagonistas: con un estilo ampuloso y enfático plasma con gran maestría el
desconcierto mental en que está sumido Calisto. Presentándolo como un “loco de
amor” a través de un discurso hiperbólico y desenfrenado, el autor censura el
amor-pasión de Calisto y nos adelanta su triste final.
[1] Curando: cuidando
[2] Gerifalte: ave de caza.
[3] Alcándara: percha en la que suele estar el halcón y
demás aves de altanería.
[4] Erasístrato: fue un importante médico alejandrino de
la corte del rey Seleuco, cuyo hijo, Antíoco, cayó enfermo al enamorarse de su
madrastra. Erasístrato descubrió la enfermedad al notar que a Antíoco se le
aceleraba el pulso al ver a su madrastra. Seleuco renunció a su esposa para
curar a su hijo
[5] Piedad de Seleuco: se refiere a la historia anterior.
[6] Plebérico corazón: corazón de Pleberio, el padre de
Melibea. Calisto querría ver la misma actitud en Pleberio que en Seleuco quien
podría renunciar a su hija y entregársela.
[7] Píramo y Tisbe: Píramo y Tisbe son dos jóvenes
enamorados cuyas familias se odian; por tal razón deciden fugarse juntos y
acuerdan una cita nocturna. Tisbe llega en primer lugar, pero aparece una leona
y sale corriendo, dejando caer en su huida el velo con que se cubría. La leona
desgarra con sus fauces ensangrentadas el velo y se aleja. Cuando llega Píramo,
ve el velo de su amada desgarrado y ensangrentado y, creyendo que ha muerto, se
suicida. Tisbe, al encontrar a su amante muerto, también se mata.
[8] Se refiere al emperador Nerón quien, desde la roca
Tarpeia, observó el incendio de la ciudad de Roma que él mismo había provocado
para que le inspirase un poema.
TEXTO PARA PRÁCTICA DE COMENTARIO, LA CELESTINA.
En el Auto XIX Calisto y Melibea se
encuentran en el huerto de esta última. Con ellos está la criada de Melibea,
Lucrecia. Calisto escucha a Melibea que canta mientras lo espera.
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CALISTO :
Vencido me tiene el dulzor de tu suave canto; no puedo más sufrir tu penado
esperar. ¡Oh mi señora y mi bien todo! ¿Cuál mujer podía haber nacida, que
superase tu gran merecimiento? ¡Oh salteada melodía! ¡Oh gozoso rato! ¡Oh
corazón mío! ¿Y cómo no pudiste más tiempo sufrir sin interrumpir tu gozo y
cumplir el deseo de entrambos?
MELIBEA :
¡Oh sabrosa traición, oh dulce sobresalto! ¿Es mi señor de mi alma? ¿Es él?
No lo puedo creer. ¿Dónde estabas luciente sol? ¿Dónde me tenías tu claridad
escondida? ¿Hacía rato que me escuchabas? ¿Por qué me dejabas echar palabras
sin seso al aire, con mi ronca voz de cisne? Todo se goza en este huerto con
tu venida. Mira la luna cuán clara se nos muestra, mira las nubes cómo huyen.
Oye la corriente de agua de esta fuentecica, cuánto más suave murmullo lleva
por entre las frescas hierbas. Escucha los altos cipreses, cómo se dan paz
unos ramos con otros por intercesión de un templadico viento que los menea.
Mira sus quietas sombras, cuán oscuras están y aparejadas para encubrir
nuestro deleite. Lucrecia, ¿qué sientes, amiga? ¿Tórnaste loca de placer?
Déjamelo, no me lo despedaces, no le trabajes los miembros con tus pesados
abrazos. Déjame gozar lo que es mío, no me ocupes mi placer.
CALISTO :
Pues, señora y gloria mía, si mi vida quieres, no cese tu suave canto. No sea
de peor condición mi presencia, con que te alegras, que mi ausencia, que te
fatiga.
MELIBEA :
¿Qué quieres que cante, amor mío? ¿Cómo cantaré, que tu deseo era el que
regía mi son y hacía sonar mi canto? Pues conseguida tu venida, desaparecióse
el deseo, destemplóse el tono de mi voz. Y pues tú, señor, eres el dechado de
cortesía y buena crianza, ¿cómo mandas a mi lengua hablar y no a tus manos
que estén quedas? ¿Por qué no olvidas estas mañas? Mándalas estar sosegadas y
dejar su enojoso uso y conversación insoportable. Cata, ángel mío, que así
como me es agradable tu vista sosegada, me es enojoso tu riguroso trato: tus
honestas burlas me dan placer, tus deshonestas manos me fatigan cuando pasan
de la razón. Deja estar mis ropas en su lugar y, si quieres ver si el hábito
de encima es de seda o de paño, ¿para qué me tocas en la camisa? Pues cierto
es de lienzo. Holguemos y burlemos de otros mil modos que yo te mostraré; no
me destroces ni maltrates como sueles. ¿Qué provecho te trae dañar mis
vestiduras?
CALISTO :
Señora, el que quiere comer el ave, quita primero las plumas.
LUCRECIA.
(Mala landre me mate si más los escucho. ¿Vida es esta? ¡Que me esté yo
deshaciendo de dentera y ella esquivándose porque la rueguen! Ya, ya
apaciguado es el ruido; no hobieron menester despartidores. Pero también me
lo haría yo si estos necios de sus criados no fablase entre día, pero esperan
que los tengo de ir a buscar.)
MELIBEA :
¿Señor mío, quieres que mande a Lucrecia a traer alguna colación?
CALISTO :
No hay otra colación para mí sino tener tu cuerpo y belleza en mi poder.
Comer y beber, donde quiera se da por dinero, en cada tiempo se puede haber y
cualquiera lo puede alcanzar; pero no lo vendible, lo que en toda la tierra
no hay igual que en este huerto, ¿cómo mandas que se me pase ningún momento
que no goce?
LUCRECIA :
(Ya me duele a mí la cabeza de escuchar y no a ellos de hablar ni los brazos
de retozar ni las bocas de besar. ¡Andar! Ya callan; a tres me parece que va
la vencida.)
CALISTO :
Jamás querría, señora, que amaneciese, según la gloria y descanso que mi
sentido recibe de la noble conversación de tus delicados miembros.
MELIBEA :
Señor, yo soy la que gozo, yo la que gano; tú, señor, el que me haces con tu
visitación incomparable merced.
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